La métrica que no aparece en el Excel
La métrica que no aparece en el Excel
La métrica que no aparece en el Excel
30 dic 2025

Por qué, al invertir en start-ups, el factor humano sigue siendo el verdadero indicador de éxito
Invertir en start-ups suele asociarse de manera casi automática al análisis de cifras, métricas y proyecciones financieras. Es comprensible: los números ofrecen una sensación de control en un entorno marcado por la incertidumbre. MRR, crecimiento mensual, CAC, LTV, churn o burn rate forman parte del lenguaje habitual de cualquier proceso de inversión profesional. Son indicadores necesarios para entender si un proyecto es viable, escalable y sostenible. Pero no son suficientes. Porque detrás de cada hoja de cálculo hay una realidad mucho más compleja que no se deja reducir a un Excel.
Cuando analizamos una start-up, observamos el MRR para evaluar la recurrencia de los ingresos y la estabilidad del modelo. Estudiamos el crecimiento para distinguir la tracción real de la puramente circunstancial. El CAC nos permite entender cuánto cuesta adquirir un cliente y lo contrastamos con el LTV para comprobar si el negocio crea valor a largo plazo. El churn nos habla de la satisfacción del cliente y de la solidez del producto. El burn rate y el runway nos indican cuánto margen de maniobra tiene la empresa antes de necesitar más financiación. Cada métrica aporta información relevante y todas juntas ayudan a dibujar una fotografía razonablemente fiel del estado del proyecto.
Sin embargo, las métricas no explican qué ocurre cuando el plan no sale como estaba previsto. No muestran cómo se toman las decisiones bajo presión, ni cómo se gestiona el miedo, el cansancio o la frustración. No reflejan la capacidad de un equipo para mantenerse unido cuando los resultados tardan en llegar ni la manera en que un líder afronta los conflictos, las dudas o los errores. Y en el mundo de las start-ups, esas situaciones no son la excepción, sino la norma.
Por eso, más allá de los números, existe una métrica que para nosotros es decisiva y que rara vez aparece en los informes de inversión: la persona. El emprendedor. Su carácter, su forma de estar en el proyecto y de relacionarse con quienes le rodean. Buscamos personas cabales, confiables, que cumplen su palabra incluso en contextos adversos. Personas con capacidad de resistencia, porque emprender no es un sprint, sino una carrera de fondo. Personas con liderazgo, entendido no como protagonismo, sino como responsabilidad y cuidado del equipo.
Invertir es, en cierto modo, lanzar a alguien a la piscina. Y antes de hacerlo, necesitamos saber que sabrá nadar. No que nunca se cansará, sino que, cuando llegue el agotamiento, seguirá moviéndose. Que tendrá la fortaleza para continuar cuando el entusiasmo inicial desaparezca y quede solo el trabajo duro. Que sabrá pedir ayuda, rectificar cuando sea necesario y aprender de los errores.
Esta dimensión humana es tan relevante que forma parte estructural de nuestro proceso de análisis. Contamos con un psicólogo en el equipo porque creemos que conocer en profundidad a las personas es una responsabilidad, no una curiosidad. No se trata solo de evaluar habilidades técnicas o experiencia profesional, sino de comprender motivaciones, valores, límites y coherencia personal. Porque no basta con ser un buen emprendedor; hay que ser, ante todo, una buena persona.
Creemos firmemente que el carácter es una métrica. Invisible, difícil de cuantificar y poco habitual en los discursos de inversión, pero absolutamente determinante. Es la métrica que sostiene todas las demás cuando los números fallan, cuando el mercado cambia o cuando el contexto se vuelve adverso. Es la que marca la diferencia entre abandonar y persistir, entre improvisar y liderar.
Al final, invertir en start-ups es un acto de confianza. Confianza en que esa persona sabrá crecer con el proyecto, cuidar a su equipo, tomar decisiones responsables y hacer lo correcto incluso cuando nadie mira. Las métricas financieras nos dicen dónde está una empresa hoy. La métrica humana nos dice hasta dónde puede llegar.
Y por eso, más allá de los números, seguimos apostando por las personas. Buena gente, gente buena. Porque, al final, esa es la inversión más sólida de todas.
Víctor Giné
Por qué, al invertir en start-ups, el factor humano sigue siendo el verdadero indicador de éxito
Invertir en start-ups suele asociarse de manera casi automática al análisis de cifras, métricas y proyecciones financieras. Es comprensible: los números ofrecen una sensación de control en un entorno marcado por la incertidumbre. MRR, crecimiento mensual, CAC, LTV, churn o burn rate forman parte del lenguaje habitual de cualquier proceso de inversión profesional. Son indicadores necesarios para entender si un proyecto es viable, escalable y sostenible. Pero no son suficientes. Porque detrás de cada hoja de cálculo hay una realidad mucho más compleja que no se deja reducir a un Excel.
Cuando analizamos una start-up, observamos el MRR para evaluar la recurrencia de los ingresos y la estabilidad del modelo. Estudiamos el crecimiento para distinguir la tracción real de la puramente circunstancial. El CAC nos permite entender cuánto cuesta adquirir un cliente y lo contrastamos con el LTV para comprobar si el negocio crea valor a largo plazo. El churn nos habla de la satisfacción del cliente y de la solidez del producto. El burn rate y el runway nos indican cuánto margen de maniobra tiene la empresa antes de necesitar más financiación. Cada métrica aporta información relevante y todas juntas ayudan a dibujar una fotografía razonablemente fiel del estado del proyecto.
Sin embargo, las métricas no explican qué ocurre cuando el plan no sale como estaba previsto. No muestran cómo se toman las decisiones bajo presión, ni cómo se gestiona el miedo, el cansancio o la frustración. No reflejan la capacidad de un equipo para mantenerse unido cuando los resultados tardan en llegar ni la manera en que un líder afronta los conflictos, las dudas o los errores. Y en el mundo de las start-ups, esas situaciones no son la excepción, sino la norma.
Por eso, más allá de los números, existe una métrica que para nosotros es decisiva y que rara vez aparece en los informes de inversión: la persona. El emprendedor. Su carácter, su forma de estar en el proyecto y de relacionarse con quienes le rodean. Buscamos personas cabales, confiables, que cumplen su palabra incluso en contextos adversos. Personas con capacidad de resistencia, porque emprender no es un sprint, sino una carrera de fondo. Personas con liderazgo, entendido no como protagonismo, sino como responsabilidad y cuidado del equipo.
Invertir es, en cierto modo, lanzar a alguien a la piscina. Y antes de hacerlo, necesitamos saber que sabrá nadar. No que nunca se cansará, sino que, cuando llegue el agotamiento, seguirá moviéndose. Que tendrá la fortaleza para continuar cuando el entusiasmo inicial desaparezca y quede solo el trabajo duro. Que sabrá pedir ayuda, rectificar cuando sea necesario y aprender de los errores.
Esta dimensión humana es tan relevante que forma parte estructural de nuestro proceso de análisis. Contamos con un psicólogo en el equipo porque creemos que conocer en profundidad a las personas es una responsabilidad, no una curiosidad. No se trata solo de evaluar habilidades técnicas o experiencia profesional, sino de comprender motivaciones, valores, límites y coherencia personal. Porque no basta con ser un buen emprendedor; hay que ser, ante todo, una buena persona.
Creemos firmemente que el carácter es una métrica. Invisible, difícil de cuantificar y poco habitual en los discursos de inversión, pero absolutamente determinante. Es la métrica que sostiene todas las demás cuando los números fallan, cuando el mercado cambia o cuando el contexto se vuelve adverso. Es la que marca la diferencia entre abandonar y persistir, entre improvisar y liderar.
Al final, invertir en start-ups es un acto de confianza. Confianza en que esa persona sabrá crecer con el proyecto, cuidar a su equipo, tomar decisiones responsables y hacer lo correcto incluso cuando nadie mira. Las métricas financieras nos dicen dónde está una empresa hoy. La métrica humana nos dice hasta dónde puede llegar.
Y por eso, más allá de los números, seguimos apostando por las personas. Buena gente, gente buena. Porque, al final, esa es la inversión más sólida de todas.
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